viernes, 27 de junio de 2008

JUAN MALPARTIDA.

LETRAS LIBRES /  (De click para agrandar)

Escribe con las palabras que puedas llevar mientras caminas, y el camino es largo;

escribe como si indicaras la hora sabiendo la extrema movilidad del tiempo;

escribe como quien dice adiós, como quien no ha llegado siquiera al papel en donde escribe;

escribe sin escribir, sin decir palabra, de ti mismo, en ti mismo, de nadie;

escribe sabiendo que tu última palabra no es la palabra última porque más allá de ella hay mil palabras y una más;

escribe para pasar el tiempo y que el tiempo pase sin saber dónde;

escribe porque en la palabra mar hay agua y es un vacío, y esto enseña a vivir y también a morir;

escribe, no para decir palabras sino para que ellas te digan;

escribe –como esta tarde que al caer se tensa y se extiende- la palabra del otro lado, la que dibuja el vacío de la palabra, un poco de sonido entre dos tiempos a la deriva.

Juan Malpartida

De la antología A favor del tiempo

viernes, 20 de junio de 2008

JOSE MANUEL GONZÁLEZ.

"La poesía, el impulso creativo, que no prende, que no contagia, no sirve de nada, y aquella que junto a la magia y la búsqueda del misterio no deleita, o al menos no inquieta, se recoge sobre sí misma hasta desaparecer."

viernes, 13 de junio de 2008

PHILIPPE JACCOTTET



"Mi biografía son mis libros. Y en ellos hay luz y sombras. Mi escritura no es un viaje de la oscuridad a la claridad, sino una trayectoria llena de curvas, idas y vueltas, que se va repartiendo entre ambos espacios."

Philippe Jaccottet
Pájaro siempre escondido,
voz que nos ignora siempre
como si ignorara la queja,
voz sin melancolía.
Voz unida a la noche,
voz ligada a la luna
como a su blanco cándido
o al tazón que la sacia.
(¡Cómo la hemos seguido,
quien sólo le huye a la noche!)
Tierno cohete que sube
girando en la oscuridad,
la más viva de las aguas,
fuente en los follajes.
(¡Cómo la hemos mirado,
a quien sólo viste la noche!)
Arroyo escondido en la noche.
Poema inédito en español,
traducido por Rafael-José Díaz.

martes, 10 de junio de 2008

FERNANDO LÁZARO CARRETER


"Asi como el estudio de la Música sólo puede realizarse oyendo obras musicales,
el de la literatura sólo puede hacerse leyendo obras literarias."

lunes, 12 de mayo de 2008

GEORGE STEINER. ERRATA: EL EXAMEN DE UNA VIDA.

Errata: el Examen de una Vida. George Steiner.

"Crecí poseído por la intuición de lo particular, de una diversidad tan numerosa que ningún trabajo de clasificación y enumeración podría agotar. Cada hoja difería de todas las demás en cada árbol (salí corriendo en pleno diluvio para cerciorarme de tan elemental y milagrosa verdad). Cada brizna de hierba, cada guijarro en la orilla del lago eran, para siempre, "exactamente así". Ninguna medición repetida, hasta la calibrada con mayor precisión y realizada en un vacío controlado, podría ser exactamente la misma. Acabaría desviándose por una trillonésima de pulgada, por un nanosegundo, por el grosor de un pelo ‑rebosante de inmensidad en sí mismo‑, de cualquier medición anterior. Me senté en la cama intentando controlar mi respiración, consciente de que la siguiente exhalación señalaría un nuevo comienzo, de que la inhalación anterior era ya irrecuperable en su secuencia diferencial. ¿Intuí que no podía existir un facsímil perfecto de nada, que la misma palabra, pronunciada dos veces, incluso repetida a la velocidad del rayo, no era ni podía ser la misma? (mucho más tarde aprendería que esta ausencia de repetición había preocupado tanto a Heráclito como a Kierkegaard)".

STEINER, George: Errata. El examen de una vida.


miércoles, 30 de abril de 2008

TENNESSEE WILLIAMS

Tennessee Williams, American Playwright

"¿Entienden lo que quiero decir, es decir, con cuánta intensidad lo digo?"

lunes, 28 de abril de 2008

JAVIER MARÍAS. La dificultad de contar.




"Habla sobre la imposibilidad de contar lo sucedido. Lo último que se puede contar cabalmente, sin contradicción, es aquello que no ha sucedido. En cambio contar los hechos, contar la historia es prácticamente imposible."

jueves, 17 de abril de 2008

lunes, 14 de abril de 2008

JUAN MANUEL DE PRADA





«Suelo leer casi siempre tumbado en un sofá, con luz natural. Y no todo lo que me gustaría, o lo que debería. Ocurre que, según te vas haciendo más escritor, te vas haciendo menos lector. Y estoy convencido de que la decadencia de muchos escritores tiene que ver con que dejan de leer. La literatura es, de algún modo, el zumo que se destila de la lectura

Juan Manuel de Prada

Fuente: ABCD

miércoles, 9 de abril de 2008

jueves, 3 de abril de 2008

ROLAND BARTHES

Barthes
"... la unidad ideológica de la burguesía ha producido una escritura única, y que en los tiempos burgueses (es decir, clásicos y románticos), la forma no podía estar desgarrada porque la conciencia no lo estaba; y que, al contrario, desde el momento en que el escritor ha dejado de ser un testigo de lo universal para convertirse en una conciencia desgraciada (hacia 1850), su primer gesto ha sido elegir el compromiso de su forma, ya asumiendo, ya rechazando la escritura de su pasado. La escritura clásica, pues, ha estallado y la Literatura entera, desde Flaubert a nuestros días, se ha convertido en una problemática del lenguaje."

viernes, 28 de marzo de 2008

JOSE MARIA MERINO. [por Santiago Velázquez]

La novela es el gran artefacto que cuenta la vida. La experimentación tiene que ver más con las técnicas narrativas. Es muy difícil desfigurar la novela para que no toque la vida, para que se aleje tanto de ella que no la reconozcamos. La novela es el ámbito de la libertad. Ahora que casi todo está hecho, todavía es posible encontrar maneras de narrar que te permitan contar con eficacia aquello que te interesa.


Los finales de siglo siempre son desconcertados y desconcertantes. Es difícil hacer previsiones. Las herencias de los siglo XIX y XX están ahí, y no se pueden eludir. La novela es un género que se pone fácilmente al servicio de quien quiere usarlo. Lo único que se ha acabado es la escritura ingenua e inocente. La novela de ahora es un problema de arrojo, de inteligencia, de ganas de contar cosas y de imaginación. No hay que plantearse la superación del pasado sino la herencia que nos aporta, lo que hay detrás te alimenta. Es absurdo escribir novelas inocuas. Debería estar prohibido. Hay que escribir novelas con retos literarios, donde el que escribe se la juega. La novela puramente entretenida no vale para nada. Vivimos en la sociedad del entretenimiento y, en ese sentido, la novela no puede entretener, tiene que fascinar, perturbar.

© Santiago Velázquez 2001
Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

martes, 25 de marzo de 2008

EDUARDO MENDOZA y la escritura. [por David Benedicte]

Nadie de mi generación ha escapado de su influencia [habla de Benet]. Me recomendaba no ponerme a escribir algo si el resultado no era incierto. Si sabía el final, mejor dejarlo.

Benet tenía una idea propia de la literatura, cosa que se está perdiendo hoy por hoy. Ahora hay gente que cree que tiene cosas que contar y las cuenta, sin pararse a recapacitar sobre ello. Hay que hacer una operación literaria. Benet había leído muy bien a Faulkner y a Dickens, y tenía grandes fobias. Para empezar a escribir se debe haber hecho antes el máster sobre lectura. Y dudo de que se haga correctamente en estos tiempos que corren. Hay que estar constantemente yendo a hacer el bachillerato.

miércoles, 19 de marzo de 2008

LOS MUTANTES [por Carmen Álvarez Madrid]

Escritores contra la naftalina

Huyen del término generación pero, casi sin quererlo, se han unido en un grupo y bajo un nombre: los mutantes | Las nuevas voces de la narrativa española comparten gustos y, sobre todo, variedad de estilos.

(por Carmen Álvarez Madrid para el periódico ADN)

Algunos de los autores de <i>Mutantes</i>.

Algunos de los autores de Mutantes.

C. Álvarez Madrid

"Las etiquetas siempre son estúpidas, pero es un paraguas donde cobijarte", afirma el sevillano Braulio Ortiz. Él es uno de los veinte autores seleccionados por Julio Ortega y Juan Francisco Ferré en Mutantes. Narrativa española de última generación (editorial Berenice), un volumen que pretende alzarse como altavoz de las nuevas opciones de la literatura hecha en España y que compila textos de Germán Sierra, Agustín Fernández Mallo, Mercedes Cebrián o Eloy Fernández Porta.

Sin embargo, no son lo que se dice una generación o un grupo literario al uso. Más bien la suya es la unidad de la diferencia. No comparten años -han nacido entre la década de los sesenta y las setenta-, tampoco estilos o temáticas. Ni siquiera son un grupo de amigos. Como los definió Luis Alberto de Cuenca en la presentación en Madrid de este libro, su unidad reside en que todos se han empeñado en "quitarle la naftalina" a la narrativa española de los últimos tiempos.

Ahondando un poco más, sí aparecen nuevas semejanzas. Viviendo en el tiempo que viven es normal que las nuevas tecnologías les hayan influido. También el cine o incluso el lenguaje periodístico, como insiste Fernández Porta. Algunos han escrito guiones, otros dirigido cortometrajes o han optado por el cómic. Y todo eso queda patente en su manera de narrar.

"Yo soy incapaz de escribir si no estoy conectado a un ordenador. Y no se escribe igual en un ordenador que a mano. No se corrige igual. No buscas la información de la misma manera...", ejemplifica Sierra, autor de Efectos secundarios y Alto voltaje. Por su parte, Javier Fernández -editor de Berenice y otro de los mutantes- va más allá y no tiene reparos en crear un relato como si fuesen -incluso estéticamente- noticias de un periódico.

De la nocilla al after pop

También comparten un cierto anti-idealismo, en la forma en que no aspiran encontrar un modelo literario perfecto si no ir aportando modificaciones. De ahí, lo de mutantes. "Cuando uno crea mutaciones se crean soluciones, pero también surgen nuevos problemas. La diversidad es nuestra característica", resume Sierra.

"Somos la generación que sabe que cada vez todo es más confuso pero, a la vez tenemos más posibilidades", afirma Inma Turbau. Y, sobre todo, la generación de la globalización, ya que, como se pregunta Turbau, ¿tiene sentido hablar de literatura española cuando leemos, traducimos y estamos influenciados por autores de todo el planeta?

En cierta forma, se sienten sucesores de la corriente posmoderna de Estados Unidos o el cyber punk porque como dice Ferré, coordinador del volumen, "no reniegan de lo que han aprendido de los maestros" si no que intentan dar una vuelta de tuerca sobre lo ya hecho. De nuevo son mutantes, aunque en algunos sectores de la crítica también se les conoce como generación nocilla (por Nocilla's dream, de Fernández Mallo) o los afterpop (por el ensayo de Fernández Porta).

"Muchos de nosotros hemos sentido cierta orfandad. La literatura que nos precedía no nos servía como referencia. A mi, por ejemplo, me gusta más Gómez de la Serna que autores posteriores", reconoce Jordi Costa. Por eso se sienten a gusto bajo la etiqueta de mutantes y unidos en un grupo que los reúne en su diversidad. Pero la mutación no ha hecho más que comenzar. Como aventura de Cuenca, "dentro de diez o quince años estos autores estarán en los manuales".

lunes, 17 de marzo de 2008

FRANCISCO AYALA



"El arte, como proceso espiritual, como actuación, consiste en desprender de la realidad una apariencia orientada por la brújula del sentido estético, no de otro modo que la máquina del fotógrafo desprende una apariencia exactísima, y, sin embargo, independiente, de los objetos colocados en su campo. El toque del arte consiste en herir a la Naturaleza en su talón de Aquiles, en ese punto vulnerable, sensible, cuyo contacto -así también en la mujer; así en la caja de caudales- basta a lograr la apertura de su entraña estética.


(...)


Nos ha tocado a nosotros sondear el fondo de lo humano y contemplar los abismos de lo inhumano, desprendernos así de engaños, de falacias ideológicas, purgar el corazón, limpiar los ojos, y mirar al mundo, con una mirada que, si no expulsa y suprime todos los habituales prestigios del mal, los pone al descubierto y, de ese modo sutil, con sólo su simple verdad, los aniquila."

Fuente Epdlp

jueves, 13 de marzo de 2008

PROLOGO DIFÍCIL, PERO CLARO Y CONTUNDENTE, PARA UNA EXPERIENCIA VITAL [por Jordi Serra i Fabra]

No hay un método para escribir.
No existe un manual.
Cada escritor, en sí mismo, es un mundo aparte, un ente único, diferente, que se guía por instintos, fuerzas incontrolables, pasiones, fiebres y arrebatos mientras se alumbra con el sol de su propio universo. Y hablo de escribir, no de ser profesional o aficionado. Sólo escribir. Pasar horas, días, semanas, meses y años delante de un folio, pluma en mano, o sentado frente a un ordenador, es algo difícil de explicar y analizar, algo que va más allá del placer o la vocación. Escribir es la soledad máxima, y por contra, la compañía global. Tú y tus personajes. Es la libertad.
Y la libertad no admite métodos ni manuales.
Entonces, te preguntarás qué diablos tienes en las manos.
Es una buena pregunta.
No lo sé. O por lo menos no estoy seguro de saberlo.
No he querido escribir un método o un manual. Sólo intento explicar lo que pienso, lo que siento, y lo que creo que es para mí mismo el arte de escribir. Alejandro Jodorowsky dice que si eres (o te sientes) afortunado, si la vida te ha bendecido con un don (o crees tenerlo), debes compartirlo con los demás, y regalar incluso parte de ello sin esperar nada a cambio. Supongo que yo lo hago a través de mis novelas, pero durante años de charlas en colegios, escuelas superiores o universidades en España y Latinoamérica, hablando de este tema y respondiendo a las inquietudes de quienes sienten de alguna forma esa llama en su ser, me he dado cuenta de que lo que más les interesa de mí es saber cómo escribo. Y responder a ese “cómo” no es fácil. Por esta razón me he arriesgado a ponerlo todo aquí, es decir, a responder esa pregunta y “escribir de cómo escribo”. Compartir mi experiencia con otros candidatos a plumífero también es una forma de llevar aquello que más amo hasta las últimas consecuencias, habida cuenta de que no soy, ni me siento, un maestro, profesor, erudito o intelectual capaz de disertar sobre lo divino y lo humano de la literatura.
Cuanto sigue es mi propio universo creativo puesto en solfa, la forma en que trabajo, la manera como funcionan mi sistema y mis neuronas, lo que pienso, lo que me parece importante, lo que siento al plantearme o escribir una novela, un relato o un cuento, y con ello tratar de ayudar, echar una mano para que tú, lector, y tú, lectora, deshagas el nudo gordiano que puedas tener. Y he dicho novela, relato o cuento. Aquí no voy a hablar de poesía, porque esa es otra página con palabras mayúsculas. Más que un "escritor", siempre me he sentido un novelista, un narrador. A veces digo que hay una energía flotando y un público esperando, y que yo estoy en medio, la capto, la convierto en palabras y la conduzco a ese público, a modo de filtro u ordenador capaz de haber dado con su piedra filosofal.
Voy a tratar de explicar cómo resolver problemas, cómo crear personajes, como elaborar diálogos, y por supuesto hablaré de la forma en que yo escribo, que es la mía, no la de García Márquez ni la de Saramago o Delibes. Sólo la mía. Técnica, estilo, ritmo, estructura... y guión. Muchos amigos míos me repiten que ellos no podrían escribir con mi manera de trabajar. Y lo mismo me sucede a mí con relación a la suya. Estos escritores (hablando en términos mayoritarios) son los que tienen una idea, unos personajes, y con esto inician una historia. Los dejan actuar y moverse libremente, de manera que ellos conducen el relato y el escritor les sigue mientras va tecleando y tecleando. Y es un método tan bueno como cualquier otro sí les funciona y se sienten cómodos con él. Mi sistema no puede ser más opuesto: hago un guión lo más elaborado posible, y no comienzo a escribir la novela en su versión definitiva hasta que ese guión es un bloque homogéneo y sin fisuras. Elaborando el guión lo pruebo todo, diez, veinte caminos, me detengo, sigo, pienso, corto, tacho, investigo, imagino cada escena como si fuera una película que tengo en la mente. El resultado es que al escribir el libro tengo su control, conozco a los personajes porque soy su padre y su madre, yo los he parido, sé cuántas páginas de extensión me alcanzará la historia, conozco su ritmo, sus secretos, he creado el estilo más adecuado. “Sólo” hay que escribirlo.
Por lo tanto, este es MI sistema (Sistema es una palabra más lógica que Método), ni mejor ni peor. Una forma de trabajar tan propia como lo es la suya para cada autor. No voy a dar fórmulas mágicas ni a desvelar nada que cualquiera, con tranquilidad y tiempo, podría hallar por sí mismo. No voy a descubrir nada nuevo, tenlo por seguro. Hablaré de lo que sé y de la manera en que sé explicarlo, con honradez y respeto. Si al terminar de leerlo todo he conseguido aclararte algo, me sentiré satisfecho y honrado. Si puedes aprovechar en tu beneficio aunque sólo sea un pequeño tanto por ciento de lo que sigue, sonreiré feliz.
Alguien me dijo al hablarle de escribir este libro: “Los magos no revelan sus trucos al público”.
Pero yo no soy un mago.
Todos los libros citados en esta obra (así como los fragmentos y/o capítulos reproducidos a lo largo de sus páginas, títulos o meros ejemplos literarios), han sido escritos por mí en los últimos años, desde mi debú profesional en 1972. No hay pues referencias a otros autores o novelas atendiendo a lo expuesto hasta ahora. Sólo puedo explicar lo hecho por mi mismo según ese sistema del que he hablado. Y me consta que algunas de mis teorías son muy opuestas a las mayoritarias y muchas de mis normas son objeto de debate (cuando no de enfrentamiento directo). Así que creo que esto las hace únicas.
Una última advertencia para navegantes: voy a hablar del “escritor” en abstracto, en neutro, como queráis llamarlo, refiriéndome tanto a masculino como a femenino, para evitar pasarme todo el libro diciendo el/la escritor/a o buscando construcciones afines. Y esto es una demostración de las muchas decisiones que el escritor debe tomar al encarar cada una de sus obras. Hay muchas preguntas y ha de encontrar la respuesta adecuada para cada una, y si no la encuentra, ha de arriesgarse y lanzarse con la que mejor le parezca de acuerdo con su instinto.
¡Ah, el instinto! (ya salió la palabra).
Gracias a todos los chicos y chicas (y no tan chicos ni tan chicas) que en estos años me ha obligado-impulsado a escribir este libro.
Feliz viaje.

Jordi Sierra i Fabra, 2006

jueves, 6 de marzo de 2008

El ensayo literario. [por Bárbara Jacobs]

El ensayo literario es una forma de expresión escrita en prosa y en primera persona del singular. Es una comunicación personal, desinteresada, sin otra pretensión que la de comentar algo, desde la costumbre de rascarse hasta la desaparición del ferrocarril, la lectura de un libro, la visita de un amigo, el desuso de la máquina de escribir.

Un ensayista escribe sobre lo que sea, con cohesión pero sin una meta predeterminada. Un ensayo literario es un fragmento de conversación que se lleva a cabo sobre papel y con un interlocutor imaginario. Refleja sin agotarlo el parecer del ensayista alrededor de una minucia o de un tema trascendental. Puede ser breve o no tanto, pero nunca muy extenso; en todo caso, no demasiado. Un ensayista, o un buen ensayista, se expresa con gracia y con tacto, porque intuye o sabe con qué tono hablar y cuándo callarse para no perder al lector.

Un ensayo literario no es la exposición de un tema; es apenas un comentario acerca de cualquier asunto; no llega a ser una opinión. El ensayista literario prefiere agradar que convencer; jugar una travesura al lector en vez de ganarle la partida o, menos, derrotarlo. Si en cada época florece un género literario más que otros, creo que en la nuestra el que va a florecer, o acabar de florecer, es el ensayo literario, el personal, éste que describo y que, si ha sido practicado por un modelo insuperable como Michel de Montaigne desde el siglo XVI, todavía tiene tela de la que cortar.

La soltura del ensayista (Charles Lamb era tartamudo) resulta de horas de calentamiento, no es espontánea ni está hecha de sobras; no es el último recurso de un mal narrador. El ensayo literario puede tratar de literatura, pero no toda prosa que lo hiciera sería un ensayo literario: como tampoco habrá de serlo cualquier ensayo, tratara de lo que tratara, sólo porque estuviera bien o correctamente escrito.

El ensayo literario es poco frecuentado por autores y por lectores porque es un género muy exigente. Es marginal para poder ser libre. Pierde autores y lectores pero no se desgasta. Hay diferentes tipos de ensayistas literarios. Las maneras de abordar un ensayo también varían y quizá son tan amplios los estilos que escapan a una clasificación o a una definición que los contenga a todos. Quiero decir que Juan de Mairena de Antonio Machado es tan lección del género como lo es Otras inquisiciones, de Jorge Luis Borges. Pero, mientras que el Mairena puede ser asimismo una novela, el de Borges es estrictamente un volumen de ensayos literarios, cosa a la que de igual modo se atendría a ser Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg, es decir, una recopilación de ensayos literarios.

Hay narradores (Borges, Ginzburg) y poetas (Machado, Borges) que además son ensayistas que practican tanto el ensayo, digamos, amplio, como el personal, el literario, el que es creación pura puesto que es desinteresado. Me explicaré mejor si recurro nuevamente a Borges. Su Historia de la literatura inglesa, por ejemplo, es un ensayo. Pero no lo llamo «literario» porque, a diferencia de los textos reunidos en Otras inquisiciones, que sí llamo «literarios», aquél tiene meta, es la exposición de un tema, la información que transmite es incontrovertible: en la selección de datos, en la categoría, el valor que tiene como opinión es secundario al histórico. Por supuesto que la calidad de la escritura es altamente literaria también en la Historia...; pero el ensayo amplio no es creación pura. Es que hay que señalar y definir las diferencias para entendernos.

No es cierto, creo yo, que hoy en día la «mezcla de géneros» convierta cualquier texto en todos, o en casi todos, los géneros. Cada género sigue siendo sí mismo, incluso el llamado «mezcla de géneros»: y otra cosa es un mismo libro en el que se reúnan diferentes géneros de textos: cuento, ensayo, comentario, etcétera, que constituyen un libro con mezcla de géneros. Como un ejemplo, pienso en Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso.

Quise incluir en este elusivo cuarteto El sistema periódico, de Primo Levi. Consiste en veintiún ensayos literarios, cada uno relacionado con un elemento químico. Si del conjunto se desprenden (veintiún) aspectos de la vida del autor, habrá lectores que supongan que se trata de la autobiografía de Levi. No los voy a desmentir, pero sí condescendería a calificar los ensayos literarios de Levi como autobiográficos, siempre y cuando se tenga presente que igualmente lo es todo lo que hace el hombre, literario o no.

ABCD de las letras


miércoles, 27 de febrero de 2008

VICTOR SKLOVSKI

VICTOR SKLOVSKI.- SOBRE LA PROSA LITERARIA (Libros de Lance - Literatura)

"Al ingresar en la Universidad rellené para Semión Afanásievich Venguérov una encuesta: manifestaba allí mi intención de fundar una nueva escuela literaria, que en particular se propondría demostrar que la labor de Venguérov es inútil. El gran bibliográfico, el creador de cúmulos incompletos de nubes, tomó mi encuesta, la leyó y la metió en una carpeta. Hace poco la vi en el Museo de Literatura. La encuesta me sonreía con cierta ironía: yo la miré con envidia."

domingo, 24 de febrero de 2008

miércoles, 20 de febrero de 2008

Alain Robbe-Grillet y el Nouveau roman.

Muere el guionista y novelista francés Alain Robbe-Grillet.
Robbe-Grillet
Fue uno de los autores más destacados del género Nouveau roman, movimiento conocido también como antinovela o literatura objetiva, pues más allá del significado, más allá del absurdo, el mundo existe y la función del escritor es describir la apariencia de las cosas. Fue un movimiento que surgió tras la II Guerra Mundial y procuraba entre otras cosas desafiar deliberadamente al lector huyendo de los juicios de valor. Robbe-Grillet en su obra busca la neutralidad psicológica y concibe la tarea del narrador como si se tratara de la del cineasta que se limita a captar imágenes.
"Por formación no soy ni escritor ni cineasta, soy matemático, soy botánico. A los 20 años fui agrónomo, a los 30 fui novelista, a los 40 cineasta, a los 60 pintor. Pero a los críticos les gusta etiquetar a la gente, que uno sea una sola cosa por vez. Cuando escribí la primera novela dijeron: 'Y, pobre, no sabe, es ingeniero y se cree que con agarrar una lapicera y escribir, ya está'. Así consideraron mis primeros libros. Después hice mi primera película y dijeron: 'Y bueno, es un novelista, se cree que con agarrar una cámara, ya está'. Diría bromeando que cuando hice mi primera película me reconocieron como novelista y así sucesivamente."
"¿Qué queda del nouveau roman? Quedo yo. Y Flaubert. Flaubert ya hacía nouveau roman, ¿o no?".

martes, 12 de febrero de 2008

miércoles, 6 de febrero de 2008

Para quién escribo. [Vicente Aleixandre]

I

¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista,
El periodista o simplemente el curioso.
No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para
Su bigote enfadado, ni siquiera para su alzado índice
Admonitorio entre las tristes ondas de música.
Tampoco para el carruaje, ni para su oculta señora
(Entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los impertinentes).
Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que
Corre por la calle como si fuera abrir las puertas a la aurora.
O ese viejo que se aduerme en el banco de esa plaza
Chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma,
Le rodea y le deslíe suavemente en sus luces.
Para todos los que no me leen, los que no se cuidan
De mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoran).
Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi aventura,
Viviendo en el mundo.
Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida,
Paridora de muchas vidas, y manos cansadas.
Escribo para el enamorado; para el que pasó con su
Angustia en los ojos; para el que le oyó; para el que
Al pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando
Preguntó y no le oyeron.
Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo
Escribo. Uno a uno, y la muchedumbre. Y para los
Pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin
Oírme,
Está mi palabra.
©Vicente Aleixandre
De: En un vasto dominio
II
Pero escribo también para el asesino. Para el que con
Los ojos cerrados se arrojó sobre un pecho y comió
Muerte y se alimentó, y se levantó enloquecido.
Para el que se irguió como torre de indignación, y se
Desplomó sobre el mundo.
Y para las mujeres muertas y para los niños muertos, y
Para los hombres agonizantes.
Y para el que sigilosamente abrió las llaves del gas y la
Ciudad entera pereció, y amaneció un montón de cadáveres.
Y para la muchacha inocente, con su sonrisa, su corazón,
Su tierna medalla, y por allí pasó un ejército de
Depredadores.
Y para el ejército de depredadores, que en una golpeada
Final fue a hundirse en las aguas.
Y para esas aguas, para el mar infinito.
Oh, no para el infinito. Para el finito mar, con su limitación
Casi humana, como un pecho vivido.
(Un niño ahora entra, un niño se baña, y el mar,
El corazón del mar está en ese pulso.)
Y para la mirada final, para la limitadísima Mirada Final,
En cuyo seno alguien duerme.
Todos duermen. El asesino y el injusticiado, el regulador
Y el naciente, el finado y el húmedo, el seco
De voluntad y el híspido como torre.
Para el amenazador y el amenazado, para el bueno
Y el triste, para la voz sin materia
Y para toda la materia del mundo.
Para ti, hombre sin deificación que, sin quererlas mirar,
Estás leyendo estas letras.
Para ti y todo lo que en ti vive,
Yo estoy escribiendo.

©Vicente Aleixandre

viernes, 1 de febrero de 2008

EL bloqueo

Es una dura palabra pero mi situación actual me ha inspirado estas lineas.
Llevo bastante tiempo sin escribir. Me cuesta mucho encontrar el tiempo y he descubierto que escribiendo a ratos solo genero basura.
No es la primera vez. En estos momentos me planteo mi calidad, mi vocación...

Así que dejo aquí un dos por uno. Por un lado es abro una pequeña tertulia para que conteis como os enfrentáis al tan temido bloqueo (hay quien no cree en estas cosas) y por otro lado puede ser una propuesta para nuestros propios escritos que hace tiempo que no proponemos ningún tema. Y se supone que esto es un taller participativo.

miércoles, 30 de enero de 2008

Los cuentos y Haruki Murakami.

Detalle de la cubierta de un libro sobre Haruki Murakami. "Uno de los placeres de escribir cuentos es que no se tarda tanto tiempo en terminarlos. Generalmente me lleva alrededor de una semana dar a un cuento una forma presentable (aunque las correcciones pueden ser interminables). No es como la total entrega física y mental que se requiere durante el año o los dos años que tardas en redactar una novela. Entras en una habitación, terminas tu trabajo y sales. Eso es todo. Para mí, al menos, escribir una novela puede parecer una tarea que nunca acaba y a veces me pregunto si voy a salir vivo del empeño. Así que encuentro que escribir cuentos es un cambio de ritmo necesario.

Otra cosa agradable de escribir cuentos es que puedes crear un argumento a partir de los detalles más nimios..., una idea que brota en tu mente, una palabra, una imagen, cualquier cosa. En la mayoría de los casos es como la improvisación en el jazz, y el argumento me lleva a donde a éste le plazca. Y otra cosa buena es que en el caso de los cuentos no tienes que preocuparte por el fracaso. Si la idea no sale como esperabas, te encoges de hombros y te dices que no todas pueden salir bien. Incluso en el caso de maestros del género como F. Scott Fitzgerald y Raymond Carver –hasta en el caso de Chéjov– no todos los cuentos son obras maestras. Para mí esto es un gran consuelo. Puedes aprender de tus errores y usarlos en el siguiente cuento que escribas. En mi caso, cuando escribo novelas me esfuerzo mucho por aprender de los éxitos y los fracasos que experimento cuando escribo cuentos. En ese sentido, para mí el cuento es una especie de laboratorio experimental como novelista. Es difícil hacer experimentos como a mí me gusta dentro del marco de una novela, de modo que sé que, sin cuentos, la tarea de escribir novelas resultaría aún más difícil y exigente..."

www.murakami.ch

www.elcultural.es

viernes, 25 de enero de 2008

¿Qué es escribir? [Jean Paul Sartre]

" El poeta en cada palabra, por el solo efecto de la actitud poética, realiza las metáforas en las que soñaba Picasso cuando deseaba hacer una caja de fósforos que fuera toda ella un murciélago sin dejar de ser una caja de fósforos. Florencia es ciudad, flor y mujer y es también ciudad-flor, ciudad-mujer y muchacha-flor. Y el extraño objeto que se muestra así posee la liquidez del río y el dulce ardor leonado del oro, y, para terminar, se abandona con decencia, y prolonga indefinidamente, por medio del debilitamiento continuo la e muda, su sereno regocijo saturado de reservas. A esto ha de añadirse el esfuerzo insidioso de la biografía. Para mí, Florencia es también cierta mujer, una actriz norteamericana que actuaba en las películas mudas de mi infancia y de la que he olvidado todo, salvo que era larga como un guante de baile, que siempre estaba un poco cansada y era casta, que siempre representaba papeles de esposa incomprendida y que se llamaba Florencia y yo la amaba. Porque la palabra, que arranca al prosista de sí mismo y lo lanza al mundo, devuelve al poeta, como un espejo, su propia imagen. Esto es lo que justifica la doble empresa de Leiris, quien por un lado, en su Glossaire, trata de dar a ciertas palabras una definición poética, es decir, que sea por sí misma una síntesis de implicaciones recíprocas entre el cuerpo sonoro y el alma verbal y, por otro, en una obra todavía inédita, se lanza a la busca del tiempo perdido, tomando como guías ciertas palabras especialmente cargadas para él de valor afectivo. Así, pues, la palabra poética es un microcosmos. La crisis del lenguaje que se produjo a comienzos del siglo fuen una crisis poética. Sean cuales fueren los factores sociales e históricos que la produjeron, esta crisis se manifestó por accesos de despersonalización del escritor ante las palabras. No sabía servirse de ellas y, según la célebre fórmula de Bergson, sólo las reconocía a medias; se acercaba a ellas con una sensación de extrañeza verdaderamente fructuosa: ya no le pertenecían, ya no eran para él, pero, en esos espejos desconocidos, se reflejaban el cielo, la tierra y la propia vida. Y, finalmente, se convertían en las cosas mismas o, mejor dicho, en el corazón negro de las cosas.


(...)


Pero este esquema no tiene nada de común con eso que llaman ordinariamente un esquema verbal: no preside la construcción de un significado. Se acercaría más bien al proyecto creador por el que Picasso predetermina en el espacio, antes incluso de tocar su pincel, esa cosa que se convertirá en un saltimbanqui o un arlequín. Huir, huir allá, advierto que hay pájaros borrachos, pero, oh, corazón mío, oye el canto de los marineros.
"


jueves, 17 de enero de 2008

Yves Bonnefoy

La materia de la poesia es la meditacion de la muerte.
La rapidité des nuages

Le lit, la vitre auprès, la vallée, le ciel,
La magnifique rapidité de ces nuages.
La griffe de la pluie sur la vitre, soudain,
Comme si le néant paraphait le monde.

Dans mon rêve d'hier
Le grain d'autres années brûlait par flammes courtes
Sur le sol carrelé, mais sans chaleur.
Nos pieds nus l'écartaient comme une eau limpide.

O mon amie,
Comme était faible la distance entre nos corps !
La lame de l'épée du temps qui rôde
Y eût cherché en vain le lieu pour vaincre.

(Ce qui fut sans lumière - Mercure de France, 1987)

La rapidez de las nubes

La cama, la ventana cercana, el valle, el cielo,
La rapidez espléndida de esas nubes,
La súbita garra de la lluvia en los cristales
Como si la nada rubricase el mundo.

En mi sueño de ayer
El grano de otros años ardía a fuego lento,
Sin calor, en el suelo embaldosado.
Descalzos, lo apartaban nuestros pies como un agua límpida.

¡Oh amiga mía,
Qué distancia tan débil separaba nuestros cuerpos!
La hoja de la espada del tiempo que merodea
Hubiese allí buscado en vano lugar para vencer!
[Traducción de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán]

lunes, 14 de enero de 2008

Cuestión de edad. [por Felix Romeo]

30 AÑOS. «No se puede ser novelista a los 30 años», afirma Alessandro Piperno en un artículo para el Vanity Fair italiano. Alessandro Piperno (Roma, 1972) tuvo un gran éxito en Italia con su primera novela, Con las peores intenciones (publicada aquí por Mondadori, sin tanta fortuna). Piperno, judío como tantos buenos escritores italianos, Primo Levi, Natalia Ginzburg, Bassani o Elsa Morante, afirma que no se puede ser novelista a los 30 años por una «ley de la naturaleza tanto como por una cuestión técnica».

Luego afirma que eso se hace evidente en las últimas novelas de Cormac McCarthy, como La carretera (Mondadori), y en los libros que Philip Roth empezó a escribir tras cumplir cincuenta años, como Patrimonio (Seix Barral).

110 AÑOS. Hokusai, autor de las Treinta y seis vistas del Monte Fuji (recién publicadas por Electa, de la mano de Jocelyn Bouquillard), creía lo mismo que Alessandro Piperno, pero sobre la pintura: «A los seis años tenía la manía de dibujar la forma de las cosas. A los cincuenta, había publicado infinidad de dibujos, pero de los pintados antes de los setenta años ninguno merece la pena. A los setenta y tres, finalmente aprendí algo sobre la calidad verdadera de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, hierbas o árboles. Por eso, a los ochenta habré hecho un cierto progreso, a los noventa habré penetrado el significado más profundo de las cosas, a los cien habré hecho realmente maravillas y a los ciento diez, cada punto, cada línea, poseerá vida propia».

El pintor japonés, que durante buena parte de su vida se dedicó a ilustrar novelas históricas, sobre las que ahora se puede saber algo más gracias al ensayo de Carlos Rubio, Claves y textos de la literatura japonesa (Cátedra), murió a los 89 años, en 1849... Sin duda, dolido por no haber podido penetrar con su pintura el significado más profundo de las cosas.

71 AÑOS. Nicolas Poussin vivió setenta y un años, pero los últimos fueron de gran sufrimiento: los temblores le impedían pintar y dibujar con la habilidad que le había hecho famoso. Es muy emocionante ver Poussin y la Naturaleza en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Poussin y la Naturaleza permanece abierta hasta mañana, y dentro de un mes, y hasta mayo, se exhibirá en el Metropolitan de Nueva York.

Me gusta mucho el mimo con que Poussin pinta la cara de sus personajes: el deseo, el éxtasis, el dolor, el cansancio, el sueño... Miraba la Naturaleza atentamente, pero miraba más, con su afán clásico, al hombre y, sobre todo, a las mujeres: «La pintura es una imitación de todo lo que hay bajo el sol, realizada con líneas y colores sobre una superficie; su finalidad es la de agradar».

MENORES. Jesús Llorente, editor de Acuarela (acuarelalibros.com), entrevista en el número de enero de Rockdelux a Dennis Cooper, recién cumplidos los 55 años, a propósito de Chaperos (El tercer hombre; prólogo y traducción de Juan Bonilla), su última novela publicada en España. Dice Dennis Cooper que algunos, como Alex James, líder de la banda de pop británica Blur, o como Marilyn Manson tienen miedo a ser entrevistados por él, quizá porque creen que es un psicópata pervertido o porque no quieren relacionarse con alguien que escribe sobre sexo con menores.

En su blog (denniscooper-theweaklings.blogspot.com), escribe de arte (recomienda, por ejemplo, a una interesante artista de Osaka, Ken-Ichi Murata, que nació en 1957 y que hace fotografías que recuerdan a las de Andrés Serrano), escribe de asuntos bizarros y sexuales y también, y especialmente, de literatura. Hace una semana, «colgó» una lista con sus 50 novelas preferidas.

Hay muchas novelas que conozco, de Sade, de Flaubert, de Compton-Burnett, de Carson McCullers... pero me quedo con ganas de leer otras que no conozco, como Fábula, del suizo Robert Pinget (1919-1997), buen amigo de Beckett, o como The Quick and the Dead, de Joy Williams.

11 AÑOS. Antonio López cuenta cómo todavía se sorprende de que su tío, Antonio López Torres, le descubriera talento para la pintura cuando sólo tenía once años: «Convenció a mi padre de que, quizá, valía para la pintura. ¡Como si eso fuera tan fácil de saber!».

Lo cuenta en En torno a mi trabajo como pintor (Fundación Jorge Guillén), unas charlas que Javier Blasco y Antonio Piedra han convertido en una hermosa poética del pintor manchego: «A mí me costó muchísimo tiempo pintar. Yo creo que es como tener un hijo, como tener un amor. A lo mejor se está más tranquilo si no tienes nada que te haga temer perderlo, que te haga temer por él. Yo creo que, de todas formas, si en la balanza pesa más toda la parte negativa del trabajo, es decir, que el trabajo te convierta en una persona desgraciada, lo mejor es que dejes el trabajo».
(ABCD de las letras. Periódico ABC)

por Mycroft Barret.

Correr entre la gente, pensó ella. Correr sin parar contra la marea de caras sin rostro y almas sin corazón, con sus bolsas repletas y sus vidas vacías…tan solo jugar a pillar entre los recodos de la multitud, pequeñas e intangibles figuras enmascaradas…

No quería estar allí, y ahora, quería sentir el frío, tener el aire entrecortado aprisionado en sus pulmones, respirar fuerte, esconderse, apurar las horas de luz y conseguir retener el segundo.

Pero estaba comprando cosas que no necesitaba, con gente de la que tenía miedo de despedirse. El miedo a ser franca y a decirles que esta era su última navidad le impedía disfrutar de los pocos manojos de energía que le quedaban.

 

miércoles, 9 de enero de 2008

Fisognomica

Fue ese el preciso instante
en el que descubrí que de tus manos nacía el aire
con el que hago esos fonemas que tú interpretas como arte
y no son más que la traducción
de tus cabriolas. No soy pues, ebanista de madera de ébano
más bien humilde carpintero
de virutas de tu aliento.

La poesía es indescifrable.


Cover


Emil Staiger
"La interpretación desarticula en piezas sueltas lo que en su sentido originario está enigmáticamente unido. El misterio que flota en toda manifestación lírica no puede ser jamás revelado por la interpretación. PUes lo que es único reviste tal grado de intimidad que permanece siempre inaccesible al espíritu dotado de la mayor sagacidad. Lo mismo que un rostro es siempre más elocuente que cualquier estudio fisiognómico, y un alma es siempre más profunda que todo intento de esclarecimiento piscológico. "

lunes, 10 de diciembre de 2007

Jóvenes poetas. [por J.J. Armas Marcelo]

Una tenida vespertina en el Café Central con jóvenes y todavía anónimos poetas me despierta del ronroneo otoñal de Madrid. Primero, advertencia: «No estamos aquí, hablando contigo», me dicen con pulcritud, «para que nos nombres en tu próxima intemperie». Segundo, aviso: «Aquí no nos lee nadie. Como en todos lados, un padrino vale un potosí, pero si lo eliges mal, todo lo que escribes no tiene destino decente...». Les pregunto qué leen, cuántas horas dedican a la lectura, echo mano de Cortázar, que terminó creyendo en la teoría foquista de Ernesto Guevara, también en literatura: hay que escribir una, dos, tres, cientos de veces el mismo poema, el mismo cuento. Hay que leer una, dos, tres, cientos de veces el mismo relato para que se haga carne de palabra cada palabra. «Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas», dije de repente, y nadie, ninguno de los jóvenes poetas de la tenida del Central, dijo que el autor del verso fuera el de Coplas a la muerte de su padre, como he visto escrito hace unos meses en un artículo de un profesor universitario. Lo que venía a decirles a los jóvenes poetas, con cierta crueldad intelectual, es que el que quiera lapas debe mojarse el culo. Hasta más arriba de la cintura, si fuera preciso.

Cargan sobre «la situación» y «los situados». Nada que objetar al poeta Gelman, me dicen uno detrás de otro, pero sí a los métodos que se han vuelto tradición vergonzosa para acceder al supuesto Nobel español. Citan a Jiménez Lozano, al propio Gamoneda (nada que objetar a su poesía, tampoco), a Gelman, ahora. Dicen que dos meses antes de que otorgaran el Cervantes, todos los barrios de la literatura española, incluso los extramuros lejanos a la influyente hojarasca de las diferentes jarcas poéticas, sabían (cierto, sabíamos) que el gran galardón sería para el poeta Juan Gelman. ¿Mueve alguien desde el poder político el Premio Cervantes?, les pregunto. Y todos al unísono confirman la sospecha de todos. «Van a cambiarlo todo...», les digo, como si mis palabras fueran un anzuelo. «Parece mentira que digas eso», me contesta el más hiriente del grupo, «precisamente tú, que te las das de experto en Lampedusa».

Trato de cambiar de tercio hasta casi conseguirlo: la cuestión (ya lo escribí en otros lugares) es leer o no leer. La primera actividad cotidiana de un escritor, o de alguien (mujer o varón, homo o hetero) que quiere ser escritor, es leer. No sólo releer a los clásicos, viejos o contemporáneos, sino leer a los nuevos, leer hasta encontrar las vetas de oro que hay escondidas en el estercolero de piedra y silencio de las grandes mediocridades que manejan los titulares y los espacios mediáticos. El Informe PISA 2006 (de la OCDE) nos aplasta, les digo. Y añado las cifras. Otra vez ganan las mujeres. No sólo el machismo tradicional dice que las mujeres que leen son peligrosas, y mucho más las que leen y escriben, pero la gran referencia de las editoriales en sus negocios y en su definición final son, casi siempre, las lectoras, especímenes que se han escapado del ruido y la furia del día a día robando horas para leer. Como si fuera un ejercicio clandestino, una suerte de pecado mortal que se comete para reincidir una y otra vez sin arrepentimiento, hasta que se transforma en una costumbre indisimulada que acompaña a algunas mujeres que conozco y con las que no es conveniente enfrentarse. Obvio es que no incluyo en la lista de mis inteligentes y «peligrosas» interlocutoras a Madame Vinagre, que sigue largando piedras sobre su propio tejado de zinc caliente, como las gatas viudas.

Les propongo a los jóvenes poetas el ejercicio mayor de la lectura: no leer nada que no nos ofrezca resistencia; no leer nada que no nos exija un duelo constante con cada línea leída; no leer nada fácil, saltar del «ilegible» Lezama Lima a su antecedente mayor, Góngora. Y quedarse ahí un rato: hasta que nos guste lo que todavía no comprendemos; entrar poco a poco en el misterio de la lectura, les digo, es entrar con la lentitud conveniente en la escritura. Si no, no vale la pena que sigan en el vicio. Escribir, ya deben saberlo, es leer despacio.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Poco y demasiado. [por José Luis García Martín]

Para conmemorar los ochenta años del año que dio nombre a la generación más famosa de la poesía española, El maquinista de la generación -una revista que parece más para mirar que para leer, aunque siempre publica cosas interesantes- invita a los poetas jóvenes a hacer balance.

El balance es desolador. Abundan quienes no han hecho los deberes y se bastan con vagos recuerdos de estudiantes poco estudiosos. Camilo de Ory expone «de manera suscinta mas no obstante detallada y de forma rigurosa» las razones por las que tuvieron «tan súbito aunque sin embargo duradero éxito» los poetas del 27: la mayoría eran «obscenamente ricos» (cita, entre otros, a Cernuda y Altolaguirre); buena parte de ellos «eran homosexuales e incapaces por completo de disimularlo» (cita, además de a Aleixandre, a Gerardo Diego que, si lo era, lo disimuló tan bien que ni él mismo se enteró); la muerte de algunos «contribuyó de manera decisiva a que alcanzaran el estatus de mito que hoy disfrutan» (lo ejemplifica con Hinojosa).

María Eloy-García comienza comparando a Guillermo de Torre con Picasso («porque ambos me parecen unos artistas cuya revolución reside más en la técnica que en la estética desde mi punto de vista») y luego trata de ampliar la nómina: «¿Pueden ser Rogelio Buendía, Eugenio Montes, Pedro Raída, Eliodoro Puche o César A. Comet poetas de la Generación del 27? Si lo son por edad y por apuesta contemporánea ¿por qué no se les reconoce? ¿es una cuestión de calidad?» (Por supuesto, María).
Para David Leo García, Aleixandre «no es solo el mejor poeta del 27, sino el mayor de España en el pasado siglo, solo seguido de cerca por Juan Ramón y Claudio». ¿Qué le hace destacar? «Crear una atmósfera arrebatadora» con palabras como "la conjunción ?no?, consecuencia de la continua presencia de la negación en la vida de Vicente». Y cita el verso: «ese aire que no mueve unas hojas no verdes». Lo de menos es que considere conjunción al adverbio «no».

Andrés Neuman recurre al ingenio y nos ofrece «27 caprichos sobre el 27»: «Como poeta, a Gerardo Diego le interesaban la mística y los chismes. ¿Cómo negarle la universalidad?» Pues la mística le interesaba más a Prados, los chismes a Salinas (léanse sus cartas) y la universalidad al único al que nadie se la niega es a Lorca. Poco dicen del 27 -con raras excepciones- estos jóvenes poetas y mucho sobre sí mismos. Demasiado.


viernes, 23 de noviembre de 2007

ROBERT DESNOS

M i pluma es un ala y sin cesar cada palabra, sostenida por ella y por la sombra que proyecta en el papel, se precipita hacia la catástrofe o hacia la apoteosis.

Acabo de hablar del fenómeno mágico de la escritura en tanto que manifestación orgánica y óptica de lo maravilloso. En lo referente a la química, a la alquimia de esta caligrafía cuya belleza ha sido reconocida por algunos, y desde ese exclusivo punto de vista caligráfico (insisto en caligráfico y lo siento por el pleonasmo si lo hay), aconsejo a los calculadores acostumbrados al juego de los átomos que enumeren las gotas de agua oculares a través de las que han pasado para volver bajo una forma plástica a confrontarse con mi memoria, que cuenten las gotas de sangre o los fragmentos de gotas de sangre consumidos en esta escritura.
Robert Desnos
¡La libertad o el amor!
(maravilloso)

miércoles, 21 de noviembre de 2007

Estatuas de Jardín

Era un hombre sabio y vivía en el jardín más hermoso del mundo pero no era un hombre feliz. Vivía en el temor constante de que alguien le atacase y destruyera el jardín que con tanto esfuerzo había cultivado.

Para evitarlo construyó un muro de piedra y se recluyó en el. Durante años vivió en una pequeña casita a orillas de un estanque, cuidando las plantas, estudiando alquimia y observando las estrellas.

Con el paso del tiempo el sabio del jardín empezó a sentirse solo y se planteaba día tras día buscar compañía. Alguna vez que intentó salir del jardín no pudo pasar de la puerta, no sabemos si por el miedo o por la costumbre, pero a los pocos metros de la entrada las piernas le temblaban, las fuerzas se desvanecían, la vista se le nublaba. Solo cuando conseguía retroceder un poco empezaba a sentirse algo mejor.

Un día sustituyó la alquimia por la escultura y en unos meses el jardín se lleno de estatuas. Blancas estatuas de mármol, grandes y pequeñas; ninfas, faunos y querubines se escondían en los rincones más hermosos; ciento de figuras de hombres y mujeres en actitudes diversas según su ubicación, algunas labraban la tierra, otras olían las flores, otras, sus favoritas con ropajes de soldados franqueaban la puerta a una distancia prudente. Perfeccionó de tal modo su arte que cuentan que un tal Miguel Ángel lloró de envidia e impotencia un día que visito el lugar años más tarde.

Aún así el hombre sabio no estaba satisfecho. Las estatuas aunque hermosas son frías

y guardan un sepulcral silencio. En resumen son aburridas.

Sin abandonar su empeño de tener compañía sustituyó la escultura por la mecánica. Con el mismo tesón de siempre diseñó y construyó marionetas accionadas por mecanismos cada vez más complejos. Programó algunas de estás marionetas para que le ayudasen en las tareas del jardín. Otras conocían las reglas del ajedrez, el go y juegos ancestrales como el backgammon. Algunas incluso eran capaces de ejecutar música en sencillos instrumentos.

Pero las marionetas aunque divertidas no eran capaz de provocar ningún estimulo intelectual ni emocional en el pobre sabio del jardín.

Así que un buen día desempolvó sus libros de alquimia y aplicando todo su saber y todo su arte fabricó la marioneta más hermosa jamás construida, le dio cuerpo de mujer y la dotó de un cerebro artificial tan perfecto como el de un ser humano. La llamó Lluvia porque como la lluvia que traen las nubes hace florecer su jardín, ella había hecho florecer cierto atisbo de esperanza en su corazón.

Y no se equivocó. Su vida cambió por completo. Por las mañanas paseaban por el jardín y le mostraba el nombre de las plantas y como había que hacer para cuidarlas. Por las tardes, en el taller, le enseñaba ciencia y literatura y por las noches, observando las estrellas le leía libros de filosofía.

Lluvia se adaptó con sutil facilidad a la vida en el jardín. Aprendió a moverse por sus rincones, reconocía cada una de las estatuas y llamaba hermanos a las demás marionetas, que nunca le contestaban por carecer de voz y modales. Llena de sorpresas, Lluvia aprendió también a cantar y a bailar sin que nadie le enseñara cómo, bajo sus cuidado las flores crecían con colores desconocidos y una nube de mariquitas la seguía allá donde fuese. Solo una nota disonante rompía la armonía de este idílico cuadro, el inexpresivo rostro de la muñeca, incapaz en principio de reflejar emoción en nada de lo que hace. Aunque el viejo alquimista no parecía darse cuenta de ello.

Un buen día ocurrió lo que tenía que ocurrir, el hombre sabio al despertar miró a Lluvia mientras esta se bañaba en estanque y descubrió que se había enamorado de ella. No era algo que hubiese buscado, el solo pretendía tener alguien con quien compartir su vida, no anhelaba el amor. Ella era tan solo una marioneta. Sabía que tan solo cambiando la programación de Lluvia ella actuaría como si estuviese enamorado de él. Pero eso no le bastaba, necesitaba que ella le amase realmente.

Para esto intentó humanizarla por todos los medios posibles.

Cierta mañana que estaban juntos observando el amanecer dando un suspiro el sabio le dijo a Lluvia -¿No es bonito este espectáculo?, ¿No es maravilloso lo que la naturaleza puede ofrecernos?-. Lluvia le respondió tras pensárselo unos minutos -Me has dado un cerebro humano con el que puedo entender ciencia y filosofía pero mis ojos son dos bolas de cristal incapaces de captar la belleza de las cosas.

El alquimista al escuchar aquello en un alarde de amor se sacó sus propios ojos y se los puso a Lluvia para que viera la autentica belleza del mundo.

Días más tarde, por la noche mientras observaban las estrellas el sabio le dijo -¿No sientes la brisa que baja de la montaña cargada de aromas y del aliento de la madre naturaleza?-. La marioneta tras meditarlo un momento le contestó -Mi cerebro me permite entender el proceso por el cual se genera el viento, pero mi piel es sintética y mi nariz un trozo de madera. Con ellas no puedo sentir lo que dices.

Desalentado por aquellas palabras el sabio buscó algo de esperanza y arrancándose la piel se la injertó a la marioneta para que sintiera la vitalidad que emanaba de la naturaleza.

Pensando que todo aquello sería suficiente el viejo alquimista se atrevió a declararle su amor abiertamente. A la manera clásica, de rodillas bajo la luz de la luna le recitó bellos poemas de amor.

Lluvia después de mirarlo detenidamente unos instantes le dijo -Mi cerebro puede entender la métrica y la rima de la poesía que acabo de escuchar. Pero mi corazón es un artilugio metálico incapaz de comprender lo que es el amor.

Completamente desesperado pero consciente de todo lo que iba a perder el pobre hombre del jardín decidió arrancarse el corazón para entregárselo al ser que amaba. Sabedor que a partir de ese día sería incapaz de amar se convenció pensando que sería capaz de vivir tan solo con los fríos recuerdos de un amor enajenado.

Cuando al final le colocó su corazón a la marioneta casi por inercia le preguntó -Y ahora, ¿me amas?- Lluvia esta vez sin pensárselo contestó -Ahora tengo un corazón de verdad pero dime ¿cómo voy a amar a alguien que a su vez es incapaz de amarme a mi?

Dicho esto la marioneta atravesó los muros que rodeaban al jardín y nunca más volvió.

Desde aquel día el hombre sabio pasa las mañanas, las tardes y las noches mirando el horizonte desde un hermoso jardín que no puede admirar, esperando alguien a quien no ama y no amará jamás.