
"Los aforismos tienen la libertad de la poesía y la contundencia del pensamiento, se mueven en ese territorio fronterizo."
(El dibujo pertenece a David Pintor)

— Sí, ésta es una de las características de mis obras. Es una forma muy clara y rítmica si se lee en voz alta. Lo hago así, ya que la primera frase conecta con la segunda y a su vez, la segunda con la tercera; pero, puede ser, que esta tercera ya no tenga nada que ver con la primera. Es una forma de crear un fluido entre ellas. Además, debo recalcar que lo que he hecho tras Señas de identidad es exclusivamente para ser leído en voz alta para apreciar la prosodia y el ritmo que, como digo, es a la vez poesía y narración.
Entrevista de Sofía Tirados González


"Uno de los prodigios de la ficción, de la literatura, consiste en obrar el milagro de liberarnos del ser que habitamos y permitirnos encarnarnos en los que imaginamos."
Cien escritores en español eligen 100 libros que cambiaron su vida
EL PAÍS SEMANAL ofrece a sus lectores la lista completa de diez libros que cambiaron la vida a 100 escritores en español:

¿De dónde surge esa veta dura de sus personajes?
--No lo sé. Para mí es un misterio. Literariamente siempre me ha interesado ese tipo de personajes que no tienen las cosas claras, que están como a la intemperie. Esa sensación de deriva, de búsqueda de algo. Como si a la vida le pidieran más peso, menos inanidad.
Pese a la memoria selectiva que nos absuelve, en el cómputo general de una vida, quizá haya más derrotas que victorias
--Si, desde luego. El título de mi libro es de un poema de Agustín García Calvo que empezaba diciendo: "Sólo de lo negado canta el hombre / sólo de lo perdido". Habla de cómo estamos añorando un niño antiguo y cómo nadie canta de lo que tiene, ni de lo que ha conseguido. Sólo fija la mirada en lo que le falta.
Uno se encuentra por la calle a escritores que dicen: "No puedo escribir nada; esta temporada me va todo de maravilla"
--Se escribe desde el sentimiento de algo que se perdió o que cree uno que perdió. Porque el pasado se recrea y también se inventa. Muchas veces no fuimos tan felices como creemos recordar.
¿Nos reinventamos la vida?
--Si; yo creo que el recuerdo es una rama más de la ficción. Somos creadores de nuestra trayectoria de forma retrospectiva. A mí eso me interesa mucho. Es un tema desde Jorge Manrique. Hay unos procesos de idealización que no sé hasta qué punto podemos estar en la realidad y a la vez conviviendo con ellos.
La infancia asoma siempre por sus páginas. ¿Aún la siente?
--He cumplido 48 años. Es algo que me queda lejos, pero hay determinados momentos en los que la sensación que tengo es de perplejidad. De decir: ¿Pero qué me ha pasado? En uno de los relatos hay un personaje que está borracho y llama por teléfono a su madre a las tantas y le dice que antes era un niño y que no entiende qué le ha sucedido.
Pero el libro está lleno también de huellas, no sólo de ausencias.
--Creo que esto del ambiente, de las huellas, quizá obedezcan al miedo que tengo a elaborar un discurso demasiado abstracto sobre la condición humana. Creo que los detalles sitúan al lector en un espacio que puede reconocer.
Detalles como "ese cruce de piernas de ella, como una crueldad lanzada a ciegas". La crueldad como mera presencia
--Hay diferentes tipos de crueldad que me interesan. Una descarnada, gratuita, que traté en libros anteriores, en relatos realmente crueles. Pero hay otra crueldad que está en la percepción de los personajes. Un hombre apocado puede percibir crueldad en lo bella que viene una mujer. Él cree que le están exhibiendo algo inalcanzable.
También aparece la mujer como salvadora, en otros casos
--Cuando una persona, a determinada edad, siente sed de intensidad, sin querer, o piensa en viajes o en mujeres. La mujer es la que te puede salvar, dar una segunda vida. De repente, aparece un personaje que es el que te da la fuerza para romper con las cosas. El amor fou.
El alcohol aparece por todo el libro como el compañero inevitable de los perdedores
--Es que el vino aparece como un refugio al desvalido, que está a mano en todas partes. El vaso de vino es algo como iluminado. Hay dos formas de transformar las cosas: una es actuando sobre ellas, y otra transformando la percepción de lo que nos rodea. Aparte de que estéticamente el vino me interesa en lo que tiene de transgresión, de peligro y cierto riesgo de abismo.
Uno de los temas filosóficos eternos es qué aporta de verdad el mundo y qué aporta el sujeto
--No son unos relatos deliberadamente filosóficos. Pero tienen una cosa que es propia de la filosofía y es que existen muchas más preguntas que respuestas. En mis cuentos yo creo que se ve claro. No se aportan muchas respuestas, ni remedios.
Tampoco vale la vida aburguesada como remedio
--Con estos personajes se tiene la sensación de que elijan lo que elijan se arrepentirán. Uno escoge un tipo de vida más cálida, en familia, y va a estar añorando toda su vida la intensidad, creyendo que ha desperdiciado la vida. Pero si está a la intemperie, añora la casa. Aunque probablemente en cada ventana encendida haya un drama, haya un chico con un examen al día siguiente que lo que quiere es morirse, el de fuera lo que ve es escenas de felicidad.Escribe con las palabras que puedas llevar mientras caminas, y el camino es largo;
escribe como si indicaras la hora sabiendo la extrema movilidad del tiempo;
escribe como quien dice adiós, como quien no ha llegado siquiera al papel en donde escribe;
escribe sin escribir, sin decir palabra, de ti mismo, en ti mismo, de nadie;
escribe sabiendo que tu última palabra no es la palabra última porque más allá de ella hay mil palabras y una más;
escribe para pasar el tiempo y que el tiempo pase sin saber dónde;
escribe porque en la palabra mar hay agua y es un vacío, y esto enseña a vivir y también a morir;
escribe, no para decir palabras sino para que ellas te digan;
escribe –como esta tarde que al caer se tensa y se extiende- la palabra del otro lado, la que dibuja el vacío de la palabra, un poco de sonido entre dos tiempos a la deriva.
Juan Malpartida
De la antología A favor del tiempo
"Mi biografía son mis libros. Y en ellos hay luz y sombras. Mi escritura no es un viaje de la oscuridad a la claridad, sino una trayectoria llena de curvas, idas y vueltas, que se va repartiendo entre ambos espacios."
STEINER, George: Errata. El examen de una vida.

«Suelo leer casi siempre tumbado en un sofá, con luz natural. Y no todo lo que me gustaría, o lo que debería. Ocurre que, según te vas haciendo más escritor, te vas haciendo menos lector. Y estoy convencido de que la decadencia de muchos escritores tiene que ver con que dejan de leer. La literatura es, de algún modo, el zumo que se destila de la lectura.»
Juan Manuel de Prada
Fuente: ABCD
La entrevista completa está aquí.
Nadie de mi generación ha escapado de su influencia [habla de Benet]. Me recomendaba no ponerme a escribir algo si el resultado no era incierto. Si sabía el final, mejor dejarlo.
Benet tenía una idea propia de la literatura, cosa que se está perdiendo hoy por hoy. Ahora hay gente que cree que tiene cosas que contar y las cuenta, sin pararse a recapacitar sobre ello. Hay que hacer una operación literaria. Benet había leído muy bien a Faulkner y a Dickens, y tenía grandes fobias. Para empezar a escribir se debe haber hecho antes el máster sobre lectura. Y dudo de que se haga correctamente en estos tiempos que corren. Hay que estar constantemente yendo a hacer el bachillerato.
Huyen del término generación pero, casi sin quererlo, se han unido en un grupo y bajo un nombre: los mutantes | Las nuevas voces de la narrativa española comparten gustos y, sobre todo, variedad de estilos.
(por Carmen Álvarez Madrid para el periódico ADN)
"Las etiquetas siempre son estúpidas, pero es un paraguas donde cobijarte", afirma el sevillano Braulio Ortiz. Él es uno de los veinte autores seleccionados por Julio Ortega y Juan Francisco Ferré en Mutantes. Narrativa española de última generación (editorial Berenice), un volumen que pretende alzarse como altavoz de las nuevas opciones de la literatura hecha en España y que compila textos de Germán Sierra, Agustín Fernández Mallo, Mercedes Cebrián o Eloy Fernández Porta.
Sin embargo, no son lo que se dice una generación o un grupo literario al uso. Más bien la suya es la unidad de la diferencia. No comparten años -han nacido entre la década de los sesenta y las setenta-, tampoco estilos o temáticas. Ni siquiera son un grupo de amigos. Como los definió Luis Alberto de Cuenca en la presentación en Madrid de este libro, su unidad reside en que todos se han empeñado en "quitarle la naftalina" a la narrativa española de los últimos tiempos.
Ahondando un poco más, sí aparecen nuevas semejanzas. Viviendo en el tiempo que viven es normal que las nuevas tecnologías les hayan influido. También el cine o incluso el lenguaje periodístico, como insiste Fernández Porta. Algunos han escrito guiones, otros dirigido cortometrajes o han optado por el cómic. Y todo eso queda patente en su manera de narrar.
"Yo soy incapaz de escribir si no estoy conectado a un ordenador. Y no se escribe igual en un ordenador que a mano. No se corrige igual. No buscas la información de la misma manera...", ejemplifica Sierra, autor de Efectos secundarios y Alto voltaje. Por su parte, Javier Fernández -editor de Berenice y otro de los mutantes- va más allá y no tiene reparos en crear un relato como si fuesen -incluso estéticamente- noticias de un periódico.
De la nocilla al after pop
También comparten un cierto anti-idealismo, en la forma en que no aspiran encontrar un modelo literario perfecto si no ir aportando modificaciones. De ahí, lo de mutantes. "Cuando uno crea mutaciones se crean soluciones, pero también surgen nuevos problemas. La diversidad es nuestra característica", resume Sierra.
"Somos la generación que sabe que cada vez todo es más confuso pero, a la vez tenemos más posibilidades", afirma Inma Turbau. Y, sobre todo, la generación de la globalización, ya que, como se pregunta Turbau, ¿tiene sentido hablar de literatura española cuando leemos, traducimos y estamos influenciados por autores de todo el planeta?
En cierta forma, se sienten sucesores de la corriente posmoderna de Estados Unidos o el cyber punk porque como dice Ferré, coordinador del volumen, "no reniegan de lo que han aprendido de los maestros" si no que intentan dar una vuelta de tuerca sobre lo ya hecho. De nuevo son mutantes, aunque en algunos sectores de la crítica también se les conoce como generación nocilla (por Nocilla's dream, de Fernández Mallo) o los afterpop (por el ensayo de Fernández Porta).
"Muchos de nosotros hemos sentido cierta orfandad. La literatura que nos precedía no nos servía como referencia. A mi, por ejemplo, me gusta más Gómez de la Serna que autores posteriores", reconoce Jordi Costa. Por eso se sienten a gusto bajo la etiqueta de mutantes y unidos en un grupo que los reúne en su diversidad. Pero la mutación no ha hecho más que comenzar. Como aventura de Cuenca, "dentro de diez o quince años estos autores estarán en los manuales".
"El arte, como proceso espiritual, como actuación, consiste en desprender de la realidad una apariencia orientada por la brújula del sentido estético, no de otro modo que la máquina del fotógrafo desprende una apariencia exactísima, y, sin embargo, independiente, de los objetos colocados en su campo. El toque del arte consiste en herir a la Naturaleza en su talón de Aquiles, en ese punto vulnerable, sensible, cuyo contacto -así también en la mujer; así en la caja de caudales- basta a lograr la apertura de su entraña estética.
(...)
Nos ha tocado a nosotros sondear el fondo de lo humano y contemplar los abismos de lo inhumano, desprendernos así de engaños, de falacias ideológicas, purgar el corazón, limpiar los ojos, y mirar al mundo, con una mirada que, si no expulsa y suprime todos los habituales prestigios del mal, los pone al descubierto y, de ese modo sutil, con sólo su simple verdad, los aniquila."
Fuente Epdlp
El ensayo literario es una forma de expresión escrita en prosa y en primera persona del singular. Es una comunicación personal, desinteresada, sin otra pretensión que la de comentar algo, desde la costumbre de rascarse hasta la desaparición del ferrocarril, la lectura de un libro, la visita de un amigo, el desuso de la máquina de escribir.
Un ensayista escribe sobre lo que sea, con cohesión pero sin una meta predeterminada. Un ensayo literario es un fragmento de conversación que se lleva a cabo sobre papel y con un interlocutor imaginario. Refleja sin agotarlo el parecer del ensayista alrededor de una minucia o de un tema trascendental. Puede ser breve o no tanto, pero nunca muy extenso; en todo caso, no demasiado. Un ensayista, o un buen ensayista, se expresa con gracia y con tacto, porque intuye o sabe con qué tono hablar y cuándo callarse para no perder al lector.
Un ensayo literario no es la exposición de un tema; es apenas un comentario acerca de cualquier asunto; no llega a ser una opinión. El ensayista literario prefiere agradar que convencer; jugar una travesura al lector en vez de ganarle la partida o, menos, derrotarlo. Si en cada época florece un género literario más que otros, creo que en la nuestra el que va a florecer, o acabar de florecer, es el ensayo literario, el personal, éste que describo y que, si ha sido practicado por un modelo insuperable como Michel de Montaigne desde el siglo XVI, todavía tiene tela de la que cortar.
La soltura del ensayista (Charles Lamb era tartamudo) resulta de horas de calentamiento, no es espontánea ni está hecha de sobras; no es el último recurso de un mal narrador. El ensayo literario puede tratar de literatura, pero no toda prosa que lo hiciera sería un ensayo literario: como tampoco habrá de serlo cualquier ensayo, tratara de lo que tratara, sólo porque estuviera bien o correctamente escrito.
El ensayo literario es poco frecuentado por autores y por lectores porque es un género muy exigente. Es marginal para poder ser libre. Pierde autores y lectores pero no se desgasta. Hay diferentes tipos de ensayistas literarios. Las maneras de abordar un ensayo también varían y quizá son tan amplios los estilos que escapan a una clasificación o a una definición que los contenga a todos. Quiero decir que Juan de Mairena de Antonio Machado es tan lección del género como lo es Otras inquisiciones, de Jorge Luis Borges. Pero, mientras que el Mairena puede ser asimismo una novela, el de Borges es estrictamente un volumen de ensayos literarios, cosa a la que de igual modo se atendría a ser Las pequeñas virtudes, de Natalia Ginzburg, es decir, una recopilación de ensayos literarios.
Hay narradores (Borges, Ginzburg) y poetas (Machado, Borges) que además son ensayistas que practican tanto el ensayo, digamos, amplio, como el personal, el literario, el que es creación pura puesto que es desinteresado. Me explicaré mejor si recurro nuevamente a Borges. Su Historia de la literatura inglesa, por ejemplo, es un ensayo. Pero no lo llamo «literario» porque, a diferencia de los textos reunidos en Otras inquisiciones, que sí llamo «literarios», aquél tiene meta, es la exposición de un tema, la información que transmite es incontrovertible: en la selección de datos, en la categoría, el valor que tiene como opinión es secundario al histórico. Por supuesto que la calidad de la escritura es altamente literaria también en la Historia...; pero el ensayo amplio no es creación pura. Es que hay que señalar y definir las diferencias para entendernos.
No es cierto, creo yo, que hoy en día la «mezcla de géneros» convierta cualquier texto en todos, o en casi todos, los géneros. Cada género sigue siendo sí mismo, incluso el llamado «mezcla de géneros»: y otra cosa es un mismo libro en el que se reúnan diferentes géneros de textos: cuento, ensayo, comentario, etcétera, que constituyen un libro con mezcla de géneros. Como un ejemplo, pienso en Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso.
"Al ingresar en la Universidad rellené para Semión Afanásievich Venguérov una encuesta: manifestaba allí mi intención de fundar una nueva escuela literaria, que en particular se propondría demostrar que la labor de Venguérov es inútil. El gran bibliográfico, el creador de cúmulos incompletos de nubes, tomó mi encuesta, la leyó y la metió en una carpeta. Hace poco la vi en el Museo de Literatura. La encuesta me sonreía con cierta ironía: yo la miré con envidia."