miércoles, 26 de septiembre de 2007

La última hoja de otoño (Job) [Días de Lluvia]

El gato mira impaciente la última hoja que quedaba en el árbol del jardín. Este año el invierno se retrasa. Quisiera hacer algo para adelantar la caída de esa hoja pero sabe que la naturaleza es caprichosa y solo queda esperar.

Cada año cuando la última hoja de otoño toca el suelo llega la lluvia. La primera vez que la vio, el gato se quedó maravillado. El caer de las gotas sobre la hierba, el crepitar del agua en el tejado, el color del aire mientras llovía. Esa primera vez su madre no le dejó salir fuera. Cada intento de fuga era fustrado y el cachorro era transportado a la gatera en las tiernas fauces de la gata.

Al día siguiente volvió a llover y el otro y el otro. Solía llover casi todos los días del invierno. Pero aquella lluvia no era igual que la primera. No olía igual, no brillaba igual.

Pasó un año. Tras el caluroso verano el gato se había olvidado de la lluvia cuando una tarde cualquiera empezó de nuevo a llover. Al notar las primeras gotas de agua sobre su cuerpo un calido frescor le estremeció desde la cola hasta los bigotes. Aquel sonido, aquellos olores. Estuvo toda la tarde jugando bajo la lluvia, cazando gotas y dejando que su cuerpo se empapara de felicidad.

Al día siguiente nada fue igual. No olía igual, no brillaba igual. El agua caída al día siguiente no emborrachaba su corazón. Una profunda tristeza sumió al gato en un estado de densa melancolía. Aquel gato se había enamorado de la primera lluvia del invierno. Sus siete vidas se habían evaporado de golpe. El pobre animal vivía un solo día al año, el resto eran un simple compás de espera.

Con el tiempo descubrió que su Lluvia llegaba tras la caída de la última hoja de otoño. A medida que los árboles perdían su verde manto nuestro gato iba despertando de su letargo. Cuando descubría esa última hoja pasaba horas, días enteros vigilándola, esperando el ansiado momento.

Este año el invierno se retrasa y con el su Lluvia amada. El gato se siente viejo. Han pasado ya muchos años. Piensa que quizás esta sea la última vez que disfrute de su compañía. Se estremece con ese pensamiento y llora.

Sin avisar la hoja empieza a caer, planea sobre los rosales, saluda al raquítico limonero y tras un par de piruetas cae a los pies del gato. El cielo gris sonríe y comienza a cantar. En ese instante al gato le asalta una idea. Una arrebato de locura quizás, su única esperanza. Las gotas vuelan al encuentro de su felino amante. Este salta como poseído, intentando besarlas a todas. Pero no las besa, las recoge en su lengua y se las bebe. En un desesperado intento para retener al amor de su vida el gato bebe durante horas.

Al caer la noche ahíto de amor y lluvia, reventado por dentro, con el corazón anegado, el gato cae muerto al lado de la última hoja de otoño.


3 comentarios:

Esther dijo...

Es breve y bonito, con un final trágico en donde la naturaleza participa humanizada.

En cuanto a la forma, hay una parte del relato, como hacia la mitad, donde se repite al día siguiente y suena raro: "Al día siguiente nada fue igual. No olía igual, no brillaba igual. El agua caída al día siguiente no emborrachaba su corazón."

Luk Van der Vloed dijo...

Epíteto y oximoron. El otoño melancólico y el gato del agua.

Todo metáfora.

Job dijo...

Gracias por los comentarios. Ultimamente me cuesta mucho revisar lo que escribo. Lo mastico mucho en la cabeza y después en menos de 15 minutos lo pongo por escrito.
El proceso de corrección se me hace muy cansado, es algo a lo que debería acostumbrarme.