lunes, 14 de enero de 2008

Cuestión de edad. [por Felix Romeo]

30 AÑOS. «No se puede ser novelista a los 30 años», afirma Alessandro Piperno en un artículo para el Vanity Fair italiano. Alessandro Piperno (Roma, 1972) tuvo un gran éxito en Italia con su primera novela, Con las peores intenciones (publicada aquí por Mondadori, sin tanta fortuna). Piperno, judío como tantos buenos escritores italianos, Primo Levi, Natalia Ginzburg, Bassani o Elsa Morante, afirma que no se puede ser novelista a los 30 años por una «ley de la naturaleza tanto como por una cuestión técnica».

Luego afirma que eso se hace evidente en las últimas novelas de Cormac McCarthy, como La carretera (Mondadori), y en los libros que Philip Roth empezó a escribir tras cumplir cincuenta años, como Patrimonio (Seix Barral).

110 AÑOS. Hokusai, autor de las Treinta y seis vistas del Monte Fuji (recién publicadas por Electa, de la mano de Jocelyn Bouquillard), creía lo mismo que Alessandro Piperno, pero sobre la pintura: «A los seis años tenía la manía de dibujar la forma de las cosas. A los cincuenta, había publicado infinidad de dibujos, pero de los pintados antes de los setenta años ninguno merece la pena. A los setenta y tres, finalmente aprendí algo sobre la calidad verdadera de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, hierbas o árboles. Por eso, a los ochenta habré hecho un cierto progreso, a los noventa habré penetrado el significado más profundo de las cosas, a los cien habré hecho realmente maravillas y a los ciento diez, cada punto, cada línea, poseerá vida propia».

El pintor japonés, que durante buena parte de su vida se dedicó a ilustrar novelas históricas, sobre las que ahora se puede saber algo más gracias al ensayo de Carlos Rubio, Claves y textos de la literatura japonesa (Cátedra), murió a los 89 años, en 1849... Sin duda, dolido por no haber podido penetrar con su pintura el significado más profundo de las cosas.

71 AÑOS. Nicolas Poussin vivió setenta y un años, pero los últimos fueron de gran sufrimiento: los temblores le impedían pintar y dibujar con la habilidad que le había hecho famoso. Es muy emocionante ver Poussin y la Naturaleza en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Poussin y la Naturaleza permanece abierta hasta mañana, y dentro de un mes, y hasta mayo, se exhibirá en el Metropolitan de Nueva York.

Me gusta mucho el mimo con que Poussin pinta la cara de sus personajes: el deseo, el éxtasis, el dolor, el cansancio, el sueño... Miraba la Naturaleza atentamente, pero miraba más, con su afán clásico, al hombre y, sobre todo, a las mujeres: «La pintura es una imitación de todo lo que hay bajo el sol, realizada con líneas y colores sobre una superficie; su finalidad es la de agradar».

MENORES. Jesús Llorente, editor de Acuarela (acuarelalibros.com), entrevista en el número de enero de Rockdelux a Dennis Cooper, recién cumplidos los 55 años, a propósito de Chaperos (El tercer hombre; prólogo y traducción de Juan Bonilla), su última novela publicada en España. Dice Dennis Cooper que algunos, como Alex James, líder de la banda de pop británica Blur, o como Marilyn Manson tienen miedo a ser entrevistados por él, quizá porque creen que es un psicópata pervertido o porque no quieren relacionarse con alguien que escribe sobre sexo con menores.

En su blog (denniscooper-theweaklings.blogspot.com), escribe de arte (recomienda, por ejemplo, a una interesante artista de Osaka, Ken-Ichi Murata, que nació en 1957 y que hace fotografías que recuerdan a las de Andrés Serrano), escribe de asuntos bizarros y sexuales y también, y especialmente, de literatura. Hace una semana, «colgó» una lista con sus 50 novelas preferidas.

Hay muchas novelas que conozco, de Sade, de Flaubert, de Compton-Burnett, de Carson McCullers... pero me quedo con ganas de leer otras que no conozco, como Fábula, del suizo Robert Pinget (1919-1997), buen amigo de Beckett, o como The Quick and the Dead, de Joy Williams.

11 AÑOS. Antonio López cuenta cómo todavía se sorprende de que su tío, Antonio López Torres, le descubriera talento para la pintura cuando sólo tenía once años: «Convenció a mi padre de que, quizá, valía para la pintura. ¡Como si eso fuera tan fácil de saber!».

Lo cuenta en En torno a mi trabajo como pintor (Fundación Jorge Guillén), unas charlas que Javier Blasco y Antonio Piedra han convertido en una hermosa poética del pintor manchego: «A mí me costó muchísimo tiempo pintar. Yo creo que es como tener un hijo, como tener un amor. A lo mejor se está más tranquilo si no tienes nada que te haga temer perderlo, que te haga temer por él. Yo creo que, de todas formas, si en la balanza pesa más toda la parte negativa del trabajo, es decir, que el trabajo te convierta en una persona desgraciada, lo mejor es que dejes el trabajo».
(ABCD de las letras. Periódico ABC)

2 comentarios:

Job dijo...

Y yo que a veces me deprimo pensando que he empezado demasiado tarde a escribir...de hecho mi actual falta de energía de debe a eso.

Tengo que replantearme muchas cosas.

Gracias Esther.

Esther dijo...

Nada de eso Job :-) ¿has visto? venga, a seguir.